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viernes, 26 de marzo de 2010

Es verdad que tengo un Ángel de la Guarda para protegerme?

La existencia de los Ángeles Custorios es una verdad, continuamente profesada por la Iglesia, que forma parte desde siempre del tesoro de piedad y de doctrina del pueblo cristiano. Estos Ángeles, explica el Catecismo,

"no han sido enviados solamente en algún caso particular, sino que han sido designados desde nuestro nacimiento para nuestro cuidado y constituidos para defensa de la salvación de cada uno de los hombres".

Jesucristo mismo dijo a sus discípulos :

"Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñuelos, porque os hago saber que sus Ángeles en los cielos están siempre viendo el rostro de mi Padre celestial" (Mt. 18, 10).

Todo ser humano, desde el comienzo de su vida hasta el momento en que pasa a la eternidad, cuenta con la protección e intercesión de un ángel designado por Dios para guiarlo, cuidarlo y orientarlo constantemente. Así, cada uno de nosotros ...
tiene a un Ángel de la Guarda.



Quizás todos aprendimos, en casa o en el catecismo, la clásica oración :

"Ángel de mi Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, ni en la hora de la muerte. Amén".

Probablemente también haya salido de nuestros labios, más llena de admiración que de duda, la pregunta :

"De verdad tengo un ángel que me cuida por mandato de Dios?".

Es verdaderamente admirable que poseamos un ángel con la misión específica de favorecernos en todo lo concerniente a nuestra salvación eterna, pero esa es la realidad.
Dios "los ha hecho mensajeros de su designio de salvación" , afirma el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 331).
Y dice la Carta a los Hebreos

"Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Heb. 1, 14).

"Grande es la dignidad de las almas - exclama san Jerónimo - cuando cada una de ellas desde la hora de nacimiento, tiene un ángel encargado de su custodia".

Es muy reconfortante saber que un ser superior a nuestra naturaleza está continuamente a nuestro lado; que él, espíritu puro, se mantiene en la incesante contemplación de Dios al mismo tiempo que vela por nosotros; que quiere nuestro bien su objetivo es llevarnos a la felicidad perfecta e interminable del Cielo.

Si tuviéramos más confianza en este protector celestial, en este buen amigo que nunca falla aunque nos alejemos por él por nuestra mala conducta, seríamos capaces de recobrar la paz y el equilibrio que tanta falta nos hace.

*Los Santos Ángeles, Heraldos del Evangelio.
Tipeado a mano sin cambiarle mayúsculas, minúsculas, negritas ni NADA!

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